Confía, confía con todo tu corazón

Hola solecitos, ¿cómo ha ido la semana? Una semana más de abril, climáticamente más rara que un perro verde.

En medio de esta locura de vida con niños pequeños, un clima completamente inconstante, virus, noches sin descanso y un estrés importante en general, quiero parar un momento para compartir algo que me ha ayudado mucho en los últimos meses.

Sí, voy a hablar de la Biblia. 🙂

En el libro de Proverbios, capítulo 3, hay unos versículos que me acompañan desde hace por lo menos una década de forma permanente, pero es en temporadas en las que busco dirección que vuelven a mí con fuerza, me hablan y los comprendo mejor.

Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar. Proverbios 3:5-6

Primero, un poco de contexto. Ese versículo es del capítulo 3, ¿qué va antes? ¡Los capítulos 1 y 2! (jaja, se nota que tengo un niño aprendiendo los números en casa.) Los primeros dos capítulos de Proverbios hablan mucho, casi diría que insisten, en que busquemos la sabiduría, y eso me encanta. Así que antes de animarnos a confiar, nos anima a buscar sabiduría. ¿Interesante, no?

¿Y entonces qué hacemos, cómo se busca la sabiduría?

Resumidamente, buscando conocimiento y dejando que la experiencia nos moldee. No se puede sin esos dos factores: conocimiento y experiencia.

El conocimiento requiere tiempo y dedicación. Te puedes pasar horas estudiando algo y después olvidarlo por completo, ¿verdad? (¡Totalmente! solo tengo que intentar hacer una ecuación de segundo grado o pedir un café en francés, ja-ja-ja…).

Y la experiencia requiere tiempo y reflexión.También podemos vivir todo tipo de situaciones y no parar ni un segundo para ver qué es lo que realmente está pasando, cómo lo estamos afrontando, qué podemos aprender de ello, y pasarnos todo el rato desquiciados, estresados y quejándonos por lo que nos pasa. La experiencia se adquiere no solo por la vivencia, sino por la reflexión que hacemos de ella.

Las lecciones que la vida nos enseña se pueden ver en tiempos de calma. Esto es extremadamente difícil cuando tienes que cuidar de niños pequeños, que no dan un segundo de tregua. Es como estar nadando en un mar de dulce de leche, como dicen aquí. Mi desafío, y seguramente el tuyo también, es reconocer que necesito tiempos de calma (quizá una ducha, un paseo, un café…) para valorar todo lo que nos está pasando como familia, y no dejar que la vida nos pase por encima cual tanque de guerra. El resultado de esos tiempos de calma y reflexión es oro, oxígeno, ánimo, esperanza. 

Ambos, conocimiento y experiencia, son importantes, y la sabiduría es su resultado.

Es decir que Proverbios nos anima a ser sabios. A cultivar nuestra mente como el basto jardín de flores, árboles y rincones mágicos que es. Y después, en el capítulo 3, dice que no dependamos de nuestro propio entendimiento.

Espera, ¿eso no es contradictorio? ¿En qué quedamos?

Quizá, si equiparamos sabiduría a control. Si pensamos que cuanto más sepamos, más podremos controlar la situación. Si creemos que nuestro camino está en nuestras manos y depende de nuestro esfuerzo.

Y he ahí el quid de la cuestión.

No lo es. Sabiduría no es igual a control. Más bien todo lo contrario.

 

Os cuento cómo lo entiendo yo, cómo me cierra a mí este puzzle divino…

Somos parte de algo más grande. Para mí es una cuestión de intentar mirar más allá y comprender que somos parte de un gran engranaje, que nuestra vida toca muchas otras, y que a Dios le importamos muchísimo, pero no dejamos de ser parte de un plan mucho más grande que nosotros mismos. Es decir: Yo no soy el protagonista de esta película. Y, ¡uf! eso cuesta un montón de asumir.

Busca su voluntad – es igual a rinde tu voluntad. No quiere decir que no tengas una, quiere decir que cuando las cosas no salen como pensabas, lo aceptas como parte del camino, porque hay un plan mejor que el tuyo. A veces eso da mucha rabia, es frustrante y puede levantar muchas preguntas, ¡obvio! Pero ahí está la “sabiduría” para abrazarnos y susurrarnos, confía en mí, vamos por aquí, Yo estoy contigo. 

Y Él te mostrará el camino. “¿Señor, me podrías dar el mapa ya, ahora mismo, y dejarnos de tanto rollo?”… Ésa ha sido mi pregunta con frecuencia. Y sé que aún vendrán muchos momentos en que volveré a hacerla.—

— Pero decido seguir caminando, aunque sea a ciegas, a oscuras, a tientas y con una mochila cargada…

porque hay pocas cosas más increíbles que despertar una mañana y sentir que la mochila es más ligera;

que hay un destello de luz entrando por esa ventana que antes estaba cerrada;

que el Dios del universo me abraza y me levanta cuando estoy muy, muy cansada;

que siento paz, la paz de saber que hay un sentido en todo lo que me pasa;

y la certeza de que siempre, siempre, siempre, hay esperanza.

Así que confío, confío con todo mi corazón, porque sé que Él sabe más y mejor que yo. 

Y te animo a que tú también lo hagas. Que no intentes controlar los siguientes capítulos, tan solo busca sabiduría y confía con todo tu corazón en Dios, el Dios que envió a Jesús y que tanto te ama. <3

Un abrazo –