El año que aborrecí los sujetadores (y todo lo que me hizo pensar)

¡¡Hola solecitos!! ¿Cómo estáis?

A la misma vez que escribo esto he lanzado unas preguntas en Instagram stories para hacerme una idea de cómo está el patio. El título viene fuerte, jeje. Estoy un poco intensa con estos temas “de mujeres”, pero la verdad es que en todos estos meses de silencio, no he dejado de pensar ni un minuto… ¡y quizá he pensado demasiado!

Lo que pasa cuando yo pienso demasiado es que empiezo a cuestionar lo establecido, y empiezan pequeñas revoluciones en mi cerebro. Ahora es el momento de dejarlas salir. (Tengo la tentación de pedir perdón, pero siendo sincera, ¡no me arrepiento en absoluto!)

¿Qué pasaría si las mujeres dejáramos de hacer aquellas cosas que hacemos por pura imposición social? Si dejáramos de usar maquillaje, de ponernos sujetadores con push-up y aros que se clavan, si no nos depilásemos, si no usáramos tacones con los que no se puede caminar…

Entendedme, no estoy diciendo que nos pongamos el pijama y nos tiremos al sofá a comer chocolate sin límite (aunque suena tentador). No.

Estoy diciendo que si cuidamos nuestra SALUD, nuestra MENTE, y nos vestimos para estar CÓMODAS dentro del estilo que más nos guste, eso no necesariamente debería implicar base-corrector-máscara-iluminador-tinte-cero pelo en las piernas y otras partes muy dolorosas-tacones de 10 cm-sujetador— que más que un sujetador (corpiño para las argentinas) en algunos casos es un “transformador” porque genera algo que no hay–

¿Quién dijo que lo que tienes está mal, es insuficiente, o tiene la forma incorrecta?

Ains…

¿Soy yo la única?

No… sé que hay algunas por ahí que han pensado esto también, que han hecho sus pequeñas revoluciones, que se cuidan y se ponen lo que quieren para sentirse en su piel, no como parte de una obligación.

¿Y tú? ¿Cuidas tu salud o cuidas tu imagen por “el qué dirán”?

Hace tiempo escribí un post en relación a esto: “Maquillaje: el antitutorial”, dejo el link por si quieres echarle un vistazo.

En aquella ocasión mi reflexión estaba enfocada en la autoestima. En esta ocasión es sobre una realidad que no deja de explotarme la cabeza… y es que las mujeres, en nuestra sociedad, nos sentimos muy liberadas e independientes, pero aún llevamos corsé. No, Elisabet, ya no llevamos corsé. Bueno, quizá para disfrazarnos o en el vestido de boda (ejem).

Quizá no llevemos el corsé físico, pero desde luego llevamos un corsé figurativo.

Porque no se nos ocurre ir a una entrevista de trabajo sin sujetador o maquillaje. Quizá sin tacones, depende del puesto.

Porque cuando nos ponemos “guapas” o nos “arreglamos” — la misma palabra ya lo dice… nos estamos ARREGLANDO, porque tal y como estamos, no basta, no es lindo.

Para mí es frustrante que siempre me tengan que esperar en casa a la hora de salir, pero evidentemente no jugamos en la misma liga. ¿Porque tardamos de media más tiempo que los hombres en estar listas para salir? ¡Porque tenemos que ponernos más cosas! ¿Porque queremos? No, al menos yo no…

Resumiendo, sigo usando sujetador, jaja, me encanta pensar en vuestras caras de alivio. Pero si no tengo ganas, por ejemplo en casa, no uso. Me he tirado dos años dando de mamar a mis hijos (y sigo), y no es práctico tampoco, así que, listo. Y además dan mucho calor.

Y sí, aún me maquillo de vez en cuando, pero cada vez que lo hago no puedo dejar de pensar que me estoy poniendo una máscara que tapa las ojeras, hace más grandes los ojos y marca más los labios y los pómulos.

Un corsé al fin y al cabo. Para fingir, para mostrar a otros una imagen que no muestra la realidad, una realidad que no quiere ser vista… porque molesta.

Las mujeres tienen que ser bonitas de ver, y sino no tienen lugar en la tierra de las “sociedades desarrolladas”. Pues vaya desarrollo. Vaya esclavitud tan bien mimetizada con el entorno, tan sutilmente tejida en todas las esferas de nuestras vidas…

Que no se note que tienes la regla (el periodo, que te desangras, básicamente).

Que no se note que te duelen los pies con esos zapatos que te levantan el culo.

Ayer leí: “el día de tu boda no te pongas sujetador, deja marcas en la piel que luego se ve en las fotos”… !! Todo por unas buenas fotos, supongo…

Que no se vean los pelos que naturalmente tenemos porque le dan asco a unos seres cubiertos de pelos ellos mismos…

Y así tantas cosas que asumimos como normales, pero creo que no deberían serlo. La única forma que se me ocurre que podría cambiarlo es que cada una, en su forma, encuentre y razone aquello que quiere hacer o no hacer, y lo haga con convicción.

Porque la corriente viene fuerte y no va a parar hasta conseguir moldearnos a su antojo. No necesitamos molde, necesitamos que dejen de decirnos cómo debemos ser físicamente si queremos que otros nos presten atención.

La industria de la imagen mueve muchísimo dinero, así que nada de lo que hay en nuestros neceseres de maquillaje y armarios está ahí por casualidad. No seamos ingenuas, y tomemos decisiones conscientes. ¡Es maravilloso ser mujer! ¡Y más aún si somos guerreras!

Y hasta ahí, que me tengo que ir. Pero la conversación sigue. Recomiendo esta entrevista que leí el Día de la Mujer en girlygirlmag. Me pareció muy interesante y llena de recursos para seguir reflexionando en éste y otros temas.

¡Que tengáis muy buena semana!

Un abrazo –