Porque la vida no se puede posponer

la vida no se puede posponer

Hoy vuelvo al blog, sí, hoy. Hoy que tengo una contractura en el cuello que me está matando. Hoy que mis hijos despertaron a las 6 y 7 am respectivamente propiciando que yo sea un trapo humano. Hoy que ya no es el día de la Mujer ni puedo sumarme a esa ola de apoyo a lo que fueron una multitud de hechos históricos para los derechos de las mujeres. Hoy que es un día normal y corriente, pero a la vez, increíble.

Han pasado mil cosas desde la última vez que escribí. Nos hemos mudado de barrio. Jean Luca habla por los codos y ha dejado los pañales (aunque para dormir aún los usa, ha sido un súper cambio). Romeo ya come sólidos y está a punto de echarse a andar. Ezequiel hace gimnasia acrobática. Hemos recibido visitas de España y ya se han ido… ¿y yo qué? ¿Qué ha cambiado? Me he cortado el pelo bastante corto y, por otro lado, ahora tengo lo que comúnmente se denomina “ayuda”(ya hablaremos de eso). Mientras yo escribo esto hay alguien cuidando a mis niños que no soy yo. Ella es un amor y yo soy muy feliz de haberla encontrado.

Así que ahora vuelvo a las teclas, a hacer ejercicio, a desarrollar algún proyecto semi-abandonado, y a soñar con historias que deben ser contadas. ¿Me queréis acompañar?

Y vosotros, ¿cómo estáis? Si todo va bien, volveré a publicar un post cada semana, ya sea con sueño, hambre, o estrés, aquí estaré. Porque estaréis de acuerdo conmigo en que la vida no se puede posponer, sucede sin pausa, sin preguntarnos si estamos listos para la siguiente etapa. Así que, en la medida de lo posible, seguiré compartiendo mi experiencia y reflexión, a ver si a alguien, a parte de a mí misma, le ayuda a llevarlo un poco mejor. 😉

¡Un abrazo!

2 thoughts on “Porque la vida no se puede posponer

  1. Contentísima de volver a leerte. Me alegro de que puedas seguir con tus proyectos y contar con ayuda. ¡Un abrazo!

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