Alguien más grande (Reflexiones de avión)

Cuando crees en alguien más grande que tú,
no le tienes miedo a la muerte.

Cuando crees en alguien más grande que tú,
no hay límites en lo que puedes alcanzar, porque no los alcanzas por tus méritos, es Él el que abre las puertas o las cierra.

Cuando crees en alguien más grande que tú,
sabes que alguien te escucha cuando no puedes dormir por la noche y la cabeza te va a 150 revoluciones por hora.

Cuando crees en alguien más grande que tú,
sabes que hay un propósito en todas las cosas, buenas y malas, fáciles y difíciles.

Cuando crees en alguien más grande que tú,
disfrutas las cosas buenas el doble, porque tu corazón desborda en agradecimiento por lo vivido, por lo esperado del momento, y lo increíble que es estar vivo, estar sano, estar completo.

Cuando crees en alguien más grande que tú,
descansas en fe de que el mañana ya está trazado, tu trabajo es descubrirlo, desenmarañarlo, y llevar a cabo un reflejo de su carácter a través del tuyo transformado.

Cuando crees en alguien más grande que tú,
miras a los ojos del amado y te sobrecogen lo perfectos que son, lo bellos que son, y lo intensa que es esa emoción mutua.

Cuando crees en alguien más grande que tú,
te deslumbra pensar que en toda nuestra debilidad humana su gracia nos da la capacidad de sobrellevar y perdonar lo impensable. Olvidar. Pasar página de verdad.

Cuando crees en alguien más grande que tú,
el amor que recibes es tan grande que las lágrimas brotan sin que las llames, son compañeras tranquilas de la emoción producida por el agradecimiento constante por una vida tan abundante.

Cuando crees en alguien más grande que tú,
hay paz en la tormenta. 

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