Toda una metáfora

Cuidar a un bebé es una experiencia de incalculable valor y aprendizaje. Pero lo que ha llamado más mi atención últimamente es cómo resulta ser una metáfora constante de mi relación con Dios.

Jean Luca es muy tranquilo en general, quiero decir que no llora por casi nada. Se entretiene solo bastante tiempo. Claro que no tengo con qué compararlo, pero no me parece que sea un niño pesado (cruzo los dedos para que no me escuche y cambie). Llantos desconsolados hemos vivido en poquitas ocasiones, gracias a Dios. Por ejemplo, cuando no le puedo dar de comer y tiene mucha (mucha) hambre, llooooora hasta que literalmente le meto la teta en la boca. Yo sé que le voy a alimentar en cuestión de segundos -lo que tardo en terminar de ponerle el body o sentarme en un lugar para no hacerme daño en la espalda-, y se lo digo, “ya va, ya va…”, pero él llora, tiene una necesidad y llorar es lo único que sabe hacer para manifestarlo. Ahora que lo sé, ya no me pongo de los nervios.

Cuando poco después está comiendo con una cara de absoluto placer, le miro sonriendo y pienso: cuántas veces no habré llorado yo desconsolada por algo sin ser capaz de escuchar el “ya va, ya va…” que Dios decía alto y claro.  

También me pasa que Jean se mueve mucho. Lo tengo en brazos, él se gira, mirando para todos lados, pierde el control y se lanza hacia atrás. Si yo no lo sostengo con mis brazos, se caería al suelo y/o se golpearía con algo por el camino lastimándose de forma quizá irreparable. Y ahí me pregunto lo mismo: ¿cuántas veces habrá evitado Dios que me vaya de bruces contra una situación extremadamente dolorosa?

Sé de unas cuantas, pero imagino que habrá otras tantas de las que no soy consciente. Me asombra pensar en su permanente protección y sustento.

Otra cosa que me tiene embobada es su sonrisa y los mofletes acolchados que la acompañan. Su risa es mi alegría y su llanto mi tristeza. El otro día le pusieron las vacunas de los 2 meses. Aunque en el momento no lloró casi nada, por la tarde se le hinchó una y empezó a llorar del dolor. Creo que nunca había llorado tanto. Después de varios minutos de intentar calmarlo sin resultado, la que estaba al borde de las lágrimas era yo. ¡Daba una pena terrible! No pude evitar pensar de nuevo, en esos días grises, y cómo Dios me ha calmado con sus abrazos en forma de promesas y amigos. Siempre mucho más grande que mi tristeza es su amor cercano y sensible.

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Y así pasan los días, aprendiendo, descubriendo en los grandes ojos azules de mi bebé una nueva forma de mirar las cosas. Ese desafío es viejo (Romanos 12:2), pero tiendo a olvidarlo. No es fácil… Aprender a darle una nueva oportunidad a cada día, poniéndonos en manos de Dios, abriendo los ojos para mirar como Él mira, especialmente en las situaciones difíciles y extrañas. Aprender a no dejar de sorprenderme cuando disfruto de un rayo de sol y un abrazo de mi marido (y si es a la vez, ay qué delicia). Aprender a contentarme, como hablaba hace poco con mis cuñadas, y no perder tiempo estresada por las lavadoras o qué comeremos mañana (o las pelusas del suelo que nos acompañan… jeje). Aprender que todos los días aprendemos algo nuevo si queremos y tenemos la humidad de reconocer que en el “hoy” hay algo bueno, porque Dios nos permite vivirlo y nos da el propósito y la fuerza para enfrentarlo. Es mucho más que el “Carpe Diem”, es vivir siendo transformada y, por tanto, transformando mi entorno.

Así es mi Dios, no para quieto, no busca excusas, no defrauda nunca. Y nos ama mucho más de lo que podemos comprender. Jean Luca es un regalo de su amor. Y agradezco al pensar que soy la encargada de aprender a cuidarlo, aunque esté cansada y tenga mil preguntas para la pediatra. Merece el esfuerzo y merece el tiempo. ¿Estáis de acuerdo?

Un abrazo –

6 thoughts on “Toda una metáfora

  1. muy bueno! me ha encantado… ánimo con tu baby 🙂

    and remember…

    you are loved.

  2. Merece el esfuerzo, el tiempo, las noches sin dormir…. el cambio RADICAL que dan nuestras vidas cuando un personajito tan chiquitito llega a nuesto lado.
    Muy buena metáfora! Gracias por hacerme reflexionar.

  3. Me ha encantado! Yo tambien tengo un bebe de 1 mesecito y me pasa como a ti…aprendiendo cada dia. Es toda una aventura:)
    Muchisimos animos!

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