Los días en los que no pasa nada

En pocos días mi hijo tendrá 2 meses. Ya pasaron las primeras semanas de agotamiento total y modo automático. Ahora estoy en una fase igualmente intensa, pero emocionalmente más disfrutada. Jean ya sabe quién soy y su sonrisa es irresistible. Esas dos cosas me inyectan un poquito de energía e ilusión cuando fallan los suministros de chocolate y galletas.

Pero a la vez, empiezo a sentirme un poco frustrada. Se acercan los Oscars y, bueno, estamos viendo un montón de películas muy buenas que me recuerdan lo mucho que me gusta el cine, y el guión que lleva esperándome dos meses en la mesa. Trato de no pensar en ello porque me parece que algo no debo estar haciendo bien si no saco tiempo… y es que, me justifico, aunque sacara tiempo (es decir, Jean Luca se echa una siesta y yo no tengo algo que hacer en la casa o me caigo de sueño), para el momento en que estuviera concentrada, él se despertaría – seguro – solo por fastidiar – no, ya sé que no, es broma.

Conclusión, me da la sensación de que pasan los días, un montón de días, y no hago nada. Es decir, nada productivo. Nada que no caiga bajo la categoría “cuidado del hogar e hijo”. Pero claro, ¿quién dijo que esa categoría no era productiva? Y mi respuesta, después de mucho pensar, es “el sistema”.

El sistema del mundo desarrollado está orientado a la productividad, y mi mente está programada para querer contribuir, no quiero ser un parásito. Debo contribuir con el fruto de mi trabajo: un guión, una obra, un proyecto en marcha. Por muchas razones incorrectas, el cuidado del hogar y los hijos parecen haber caído en una zanja apartada del camino al éxito, y las mujeres u hombres cuya tarea principal es ésta, parecemos mirar al camino desde la zanja preguntándonos quién nos puso aquí… porque trabajo hay, ¡y mucho! Entonces, ¿por qué no es reconocido (y admirado, diría también) socialmente?

Me entristece decir que creo que tiene que ver con el conocido señor “don dinero”. Nadie se enriquece económicamente mediante esta tarea, y por tanto, no se fomenta. Ningún empresario se enriquece, así que no va a encargar publicidad para fomentarla, y la sociedad seguirá tratando de ser feliz en base a parámetros imposibles, y más imposibles aún para mujeres en edad fértil con capacidades reproductivas con una vocación profesional…

Después de darle unas cuantas vueltas a todo esto, llegué a un punto de admiración total por aquellas mujeres que me preceden que trabajan fuera y llevan adelante un hogar sin apenas colaboración de la pareja por pertenecer a otra generación. Y también admiración por aquellas que son cuidadoras de su hogar al 100%, porque ahora que es mi tarea principal, me parece mastodóntica e inabarcable, e injustamente juzgada como “poca cosa”. Y quien diga lo contrario es que no la ejerce (en mi opinión, en mi opinión)… Siempre hay algo que hacer, o algo que organizar para más adelante (¿cuándo se descansa?!). Y si no se hace o no se paga para que la haga otro, se convierte en un obstáculo para desarrollar cualquier otro trabajo. Todos los días hay que comer, asearse, ponerse ropa limpia, dormir en un lugar más o menos limpio para no atraer insectos indeseados… y son cosas que requieren tiempo – todos los días.

Pero volviendo al tema de mi frustración y a los días “en los que no pasa nada”, he tenido que pegarme a mi misma un par de tortas. Porque sí pasa algo, y pasa mucho. ¡Estoy dedicándole toda mi energía a las primeras semanas de vida de un nuevo ser humano! No solo soy su fuente de alimentación, sino su consuelo y proveedor de seguridad. No solo soy su madre, también soy su amiga, su fuente de entretenimiento y conexión con los demás. Junto con su padre, tenemos una oportunidad única de cuidarle cuando más vulnerable es y más lo necesita. ¿Cuándo voy a volver a tener esta oportunidad? En pocos meses, esta etapa dará paso a otra en la que, posiblemente y preferiblemente, Jean querrá ser bastante más independiente, y por tanto, yo pasaré a otro rol – y echaré de menos esta etapa de momentos únicos e irrepetiblemente tiernos. Así que Elisabet, dale una patada al sistema y disfruta estos días, porque no, por mucho que quieras, no volverán.

Sí, me lo tengo que recordar a menudo porque a Jean no le gusta mucho dormir por las tardes, y por las noches le cuesta conciliar el sueño… pero bueno, una vez dormido, ¡es lo más bonito del mundo! jeje Así que ánimo a todas las que estáis en ello y a las que ya lo habéis pasado, gracias por no ocultar lo difícil que es, me ayuda saber que soy una madre más en este mar ojeroso de amor.

Sigue la aventura… ¡qué améis mucho! 🙂

Un abrazo –

5 thoughts on “Los días en los que no pasa nada

  1. Madre mia cómo me reconforta leerte! Lucas tiene poco más de tres meses y está pasando por su primera crisis de crecimiento. Por lo que he leído, pasan por varias. Está siendo más duro que el primer mes para mí, pero te leo, justo en uno de los peores días que recuerdo de mi corta vida como mamá, y me alienta y me hace sentir afortunada de vivir y poder disfrutar de esta etapa de “no productividad social” y contribuir a la mayor productividad emocional, física y de lo que sea necesario de mi pequeño motor.
    Gracias Elisabeth!

    1. Me alegro mucho, Raquel! Mucho ánimo!! En los peores días, no olvides darte algún premio, algo que te apetezca, para que no sean todo batallas, sino también alguna recompensa. Al menos eso hago yo 🙂 Un abrazo fuerte

  2. Ánimo porque lo que dices es muy cierto… Es duro, pero estás invirtiendo en la vida de otra persona y eso, es un cambio en el mundo. Además las fases no se detienen y…hay que disfrutar el momento. Besos para vosotros, familia preciosa. Os mando horas de sueño reparador, sonrisas y humor para los momentos “metiroporlaventana” y amor.

  3. Mucho ánimo Eli! Que tema la productividad! Uno de los problemas de trabajar en (o para la )casa, que como mi madre decía: “Eso es trabajar mucho y encima gratis” es que al no estar remunerado y , dada la desafortunada importancia del cochino dinero pues no se aprecia como es debido. Yo de maternidad no tengo ni idea, pero sí que me doy cuenta de la frustración y el sentimiento de culpabilidad del que nos imbuyen por no querer ser esas incansables abejas obreras sin sueño, sin sentimientos y casi sin vida en pro de una sociedad desarrollad (sic.)Total, que mi sueño vital últimamente se ha reconvertido en fugarme con las cabras al monte, leer y pintar monas.
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