Hoy se cumple un año

Estoy preparando un bolso. Este bolso es muy distinto al bolso que preparé hace un año. Hace un año metí mi pasaporte, mi cuaderno, el kindle, los kleenex… Ahora meto calcetines y bodies talla 0, un gorrito blanco en el que a penas entra mi puño, un paquete de pañales chiquitísimos… La sensación es parecida, pero muy distinta también.

Algo nuevo emprendí hace un año y algo nuevo de nuevo estoy por emprender.

En ambos bolsos hay un compartimento enorme cargado de ilusión. Miro atrás, recuerdo las múltiples despedidas y aún hoy se me encoge el corazón. No puedo creer que ya haya pasado un año. Recuerdo con viveza el abrazo con mis padres, las lágrimas de mi abuela, la sonrisa mezclada de emoción de mi suegra, las últimas conversaciones con mi hermana (y paro porque si sigo por aquí me desmorono)…

Sigo sin creer que haya pasado un año desde que a las 5:30 de la mañana siguiente Ezequiel me tocara el hombro y yo me diera vuelta para abrazarlo después de dos meses y medio separados. Aeropuerto de Ezeiza, Buenos Aires, calor, cansancio, y una emoción tan compleja que me llevó semanas procesar. Sabía una sola cosa: no lo quería volver a soltar jamás. 

Foto de Jorge Fernández
Noviembre de 2015. Foto de Jorge Fernández

En este año hemos vivido intensamente, como he comentado en otro post de esta sección. Varias mudanzas, búsquedas de trabajo, muchos trámites y quebraderos de cabeza, y un proceso constante de adaptación que nunca parece terminar. Doce meses de verano-otoño-invierno-primavera en meses que no eran los habituales, muchísimo teatro y nuevas amistades. Casi 9 meses de embarazo, 3 en secreto y 6 al descubierto. Muchas conversaciones de skype e innumerables whatsapps. Demasiadas horas de facebook y Netflix. Una obra de teatro terminada. Un nuevo blog. 🙂 Y también un nuevo hogar espiritual (Hillsong Buenos Aires).

Repaso la lista de aquello que no debe faltar para el bolso actual. Nuestro pequeño revolucionario (apodo cariñoso que le he dado estos días) está por llegar. Ordeno los estudios médicos por fecha como me han enseñado en el curso preparto. Lavo todo con jabón blablabla… Voy al médico. Me miro en el reflejo de un cristal mientras camino, ¡parece que me he tragado una pelota de baloncesto! ¿¡A dónde vamos a llegar!? Llego a casa muerta de calor, pongo los pies en alto – aaaahhh… Ahora tengo que salir mucho antes para llegar a los sitios porque no puedo andar rápido; mejor dicho, no puedo andar a un ritmo normal, lo he calificado “paso de tortuga” pero estoy segura de que hay tortugas que caminan más rápido que yo. Así es, el proceso de adaptación es constante.

Trato de pensar en las cosas que he aprendido este año y creo que es demasiado pronto para hacer un listado o sacar conclusiones. He aprendido mucho sobre la vida aquí, obviamente, pero quiero ir más allá y pensar en qué he aprendido sobre mí y sobre la vida en sí. Y ahí sí que me viene algo concreto: he aprendido que las cosas que nos cambian son aquellas que permitimos que nos cambien. ¿Qué quiero decir? Pues que hemos cambiado de país, sí, pero eso no nos ha cambiado, seguimos siendo los mismos. Sigo pensando igual sobre lo que me motiva que cuando vivía en España, sigo sintiendo igual de intensamente todo, sigo soñando con ganar un Oscar a mejor guión, sigo amando a mi familia y amigos, y sigo queriendo marcar una diferencia en mi entorno. Argentina no me ha cambiado porque no vine aquí a cambiar, vine si acaso a crecer, a aprender, a desarrollarme, a vivir. ¿Es eso malo? No sé, no me lo parece, la verdad. ¿Por qué hay que vivir siempre en el mismo país? ¿Por qué hay que tener una razón fuerte para tomar una decisión así? ¿A qué le tenemos tanto miedo?

Y esto me hace pensar en el otro bolso y en la famosa frase que hoy mismo volví a escuchar en la sala de espera: “tener hijos lo cambia todo”… ¿Será verdad? ¿Si cambiar de país y dejar toda una vida atrás no lo ha cambiado todo, por qué lo iba a hacer un bebé? ¿No será que en muchas vidas reinaba el caos hasta que llegó un bebé que desencadenó un nuevo orden y sacrificio necesarios? No digo que sea todos los casos ni que a mí no me vaya a cambiar nada, no estoy diciendo eso, solo hago preguntas porque creo que el pensamiento reinante acerca de la maternidad/paternidad tiene un componente negativo muy fuerte en mi generación y me pregunto por qué. ¿Por qué algo que lo cambia todo es malo o bueno? 

¿Por qué algo que lo cambia todo es malo o bueno?

¿Por qué no le tengo miedo a este cambio conocido como “hijo”? No sé. Igual que no le tenía miedo a dejar mi trabajo en Madrid y cruzar el charco. Es más, quería ese cambio – igual que ahora quiero este. “¿Quieres no poder dormir por la noche, no poder salir a tu antojo, no-no-no-no-no?” SÍ. QUIERO. No tengo ni idea de cómo va a ser y eso me gusta, me genera interés, ¡me encantan las sorpresas! Y miento, sí sé por qué:

Porque tengo paz. Sé que “en paz me acostaré, y asimismo dormiré, porque sólo Tú, Señor, me haces vivir confiada (Salmo 4 vers. 8). Mi padre nos enseñó este versículo a mis hermanas y a mí de pequeñas, lo decíamos antes de dormir, y mira por dónde, sigue acompañándome hasta hoy. Es real. No tengo temor a lo que vendrá; será lo que tenga que ser en esa confianza que no defrauda. ¡Y estoy tan agradecida! Nada es fácil en la vida, pero es asombrosamente maravillosa cuando nos arriesgamos a confiar en las promesas del Dios de la Biblia. 

Ha sido un año de luchas y fe, como los anteriores y como espero que sean los siguientes. Gracias a Dios por un año increíble en Buenos Aires. Y gracias a Dios también por el año que hoy empieza, y todas las locuras que con él vendrán.

¿Cómo ha sido vuestro año? Un fuerte abrazo <3