Dos consejos para una relación duradera

Miro por la ventana, ya es de noche. Se ha escapado el día como se escapa la vida, sin que me diera cuenta, enfrascada en otras lecturas y otras vidas. Se supone que voy a escribir un post sobre relaciones duraderas, podría titularse “el secreto para seguir juntos después de diez años”… pero no me gusta ese títulos, no creo que haya trucos, ni secretos. Lo que hay es mucha paciencia y cariño, como esos días en que me levanto mal y solo quiero comer hasta volver a dormir, pero él está ahí, preguntándome qué me pasa y yo no sé qué contestar. ¿Te suena?

Me alivia saber que le puedo responder “no lo sé” y él simplemente me dirá “pues trata de averiguarlo o vas a tener un día muy duro”, mientras me da el café manteniendo la distancia prudencial anti-mordiscos. Probablemente pase un rato, y una vez que haya comido y bebido seré capaz de procesar las dificultades que debo enfrentar y para las que no tengo ánimo ni estrategia. ¿Cuál es el secreto? Conocerse, empezaría por ahí, no conocer al otro: Conocerse a uno mismo.

En mi caso, este proceso ha sido parcialmente al lado de mi marido, haciendo que algunas áreas vayan más lentas que otras, pero así ha sido, ahora ya no voy a retroceder a mi yo de 18 años y decirle “no te enamores de ése, loca, que está tan loco como tú y vais a asumir un montón de responsabilidades mucho antes que el resto de tu generación y vas a estar muy cansada muchos años” (ahora mismo me hago gracia, como si eso fuera malo – uuuuh, cuidado, responsabilidadessss). No cambiaría las decisiones que tomé, pero sí he crecido y ahora veo en perspectiva qué cosas en el transcurrir de la relación se podrían haber hecho mejor.

Como por ejemplo, si eres una persona que se conoce a sí misma, sabes qué cosas son importantes para ti y cuáles no tanto. Para mí al principio había cosas muy claras y otras que parecían no tanto, pero que al ser cuestionadas resultaron ser muy importantes. Fue un proceso largo llegar a ser franca conmigo misma, y con él al respecto, y llegar a entendernos. Si ya estás en pareja, no es tarde, pero si aún no lo estás, es un buen momento para reflexionar qué cosas son importantes para ti y no son negociables. Te ahorrará mucho tiempo de discusiones inútiles después. 

Parece una tontería pero “pensar antes de hablar” es un gran principio que muchas veces damos por sentado, y realmente no usamos. Y una vez que hemos pensado, seguiría con ser honesto.

Ése es el segundo consejo. En las relaciones hay que encontrar la manera de comunicar aquello que nos ha molestado rápidamente, porque si no lo hacemos quedará en el rincón de la “ropa sucia” y ahí siempre van a ir a parar más cosas como por arte de magia, generando una montaña de resentimiento y mal olor. Para cuando nos queramos dar cuenta, quizá la montaña es demasiado grande y no sabemos por dónde empezar, y creamos que sencillamente es más fácil no empezar la conversación nunca, dando por terminada la relación…

Siempre habrá algo mejor que hacer que enfrentar la situación incómoda, esa conversación que de repente se carga de una importancia innecesariamente pesada. El tan cinematográfico “tenemos que hablar”, sinceramente, ¡me parece ridículo! Y creo que el cine tiene parte de culpa en que esto sea tan difícil. No somos piezas de plástico que encajan por medio de un sistema prediseñado, somos seres humanos en constante interacción, evolución y crecimiento. Es solo lógico que haya momentos de fricción o desencuentro, y es importante que se afronten como tal: momentos, momentos que también pasarán y podremos seguir creciendo juntos.

Sí, eso es importante, encontrar el momento y hablarlo, no discutirlo, no lanzar indirectas, no creer que la otra persona sola se va a dar cuenta (¡porque es tan evidente, verdad!), no.

Si eres una persona como yo, que evitamos el conflicto a toda costa, esto es muy difícil, lo sé, pero si quieres a la otra persona y te quieres a ti mismo/a, es necesario. Encontrarás en ello un proceso que te hará crecer. Si no lo hacemos, estamos condenando la relación a morir, y será nuestra culpa, no los fallos del otro, sino nuestra incapacidad de enfrentar las situaciones incómodas. Porque fallos y errores tenemos y cometemos todos, y más de una vez al día.

mar y arena

¿Pero merece la pena? Oh sí, merece muchísimo la pena, la alegría, la belleza de mirar al otro y saberte amado, merece, merece mucho; saber que el otro conoce tus imperfecciones y rarezas, y tú conoces las suyas, y éso no os impide amaros – solo os hace reíros de vez en cuando. Pero para eso hay que luchar juntos, en amor y honestidad.

No somos piezas de plástico, para mí somos más como mar y arena, tan distintos, y que a la vez juntos crean el paisaje más bello que hayamos visto… Quien se ha bañado en el mar sabe que es imposible no llevarse un poco de arena en el bañador, y quien se ha sentado en la orilla sabe que la arena está más oscura porque está empapada de mar. Se mezclan, se afectan, se besan y se hacen invencibles el uno al otro. Las mareas cambian, la arena es azotada por el viento; la pareja que se ama aprende a amarse desde el respeto y la honestidad. Creo que ése es un buen lugar para empezar.

Un abrazo –

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