Rothko

La primera vez que vi un cuadro de Rothko pensé que vaya forma de gastar pintura. Tenía 17 años, mis compañeros de 2º de Bachillerato y yo visitábamos el Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid con mi profesor de Historia del Arte. Mi profesor, un gran amante de la Historia y del Arte, nos animaba a fijarnos en detalles y no quedarnos con meras explicaciones; de verdad quería que lo entendiéramos. Cuando llegamos a este Sin Título (Verde sobre morado) de Rothko, casi al final de la visita, se sentó en un banquito frente a él y dijo “Es mi favorito. Imaginaos si me gusta que a veces vengo solo para sentarme aquí y contemplar este cuadro.” En ese momento no me podía imaginar lo que quería decir, la verdad, verde sobre morado no me parecía nada, si acaso una tomadura de pelo. Pero bueno, algo me picó la curiosidad si todavía me acuerdo de eso, porque hicimos muchas visitas ese año, y es de las pocas anécdotas que recuerdo.

Rothko 1961

No fue hasta varios años después, en 3º de Comunicación Audiovisual que tuve que enfrentarme a Historia del Arte Contemporáneo, y una amiga, licenciada en la materia, se prestó para explicarme un poco más sobre este pintor y su arte.

Ella también explicaba con pasión, con exquisitez lo que estos colores lánguidos trataban de expresar, y la verdad, me convenció, me llegó, conecté con la obra y empecé a verla con otros ojos. Desde entonces disfruto mucho cada vez que voy a un museo y descubro un Rothko, porque creo que entiendo su lenguaje. Se parece mucho a contemplar el cielo en sus diferentes momentos. 

En la página del Thyssen hay una breve pero buena explicación:

En su obra madura, por lo general, una o varias formas rectangulares flotan sobre la superficie del fondo sin llegar a destacar sobre ella. Los colores, vibrantes y muy diluidos, aplicados en sucesivas veladuras, envuelven al espectador y lo introducen en un nuevo tipo de espacialidad ajena a cualquier noción mensurable. En los años sesenta, los colores brillantes y expansivos de la década anterior ceden paso en su obra a tonos sombríos -morados, grises, verdes oscuros, marrones-, más introspectivos.

A mí esos colores que flotan me inspiran, me transportan, me comunican un lenguaje bello y exterior a lo material. Si no lo conoces, y vives en una ciudad que tenga algún museo importante, es muy probable que haya un Rothko muy cerca de ti 🙂 Te animo a probarlo, y a buscar inspiración en este arte, el de los colores flotantes.

Rothko 1947

¡Feliz lunes! 

2 thoughts on “Rothko

  1. Me gustaría verlo en persona, aunque creo que ya lo ví en Madrid hace unos años. Yo el semestre pasado tuve la oportunidad de ver algunas obras de Makoto Fujimura (también hace arte abstracto pero un estilo muy diferente)… y me encantó!!

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