En lo pequeño

¡Hola! En esta sección voy a compartir algunas reflexiones cotidianas sobre temas relacionados con mi vida espiritual. Con esto quiero decir que no voy a responder grandes preguntas ni pretendo explicar lo que muchos otros llevan siglos explicando, sino más bien trataré de ser auténtica y sincera. Si tienes preguntas, ¡déjame un comentario! y trataré de contestar en sucesivos post de igual manera.

Sin más preámbulo, hoy voy a hablar sobre un hombre llamado Eliseo y un hacha, texto que se puede encontrar en la Biblia en el libro de 2ª de Reyes, capítulo 6. La cosa va más o menos así: El profeta Eliseo y los suyos están construyendo una casa a orillas de un río. Cortan madera para las paredes y el techo. Sin venir a cuento, el hacha de acero de uno de los obreros vuela por los aires y cae en el río. Ya no tiene un hacha, tiene un palo – y un problema, porque la herramienta era prestada. El buen hombre pide ayuda a Eliseo. Éste se acerca al río, tira un palo que hace que el hacha de acero flote (convengamos que esto es científicamente imposible), e indica al obrero que la agarre. Problema resuelto.

Este texto me generó muchas preguntas cuando lo leí, me pareció extraño. ¿Por qué iba Dios a “malgastar” un milagro en hacer flotar un hacha? Claro que, inevitablemente esa pregunta lleva a la siguiente: ¿por qué iba a Dios a hacer tantas cosas y permitir tantas otras que no entiendo?

En lugar de contestar en prosa (y hacer de esto un rollo insoportable), lo voy a hacer en forma poética. Con todo mi respeto por los teólogos que lo explican tan bien, ésta fue mi respuesta.

Flotar como el hacha,
imagen extraña
de un milagro que salva
la herramienta prestada.
¿Será un símbolo de generosidad
o anécdota de fe?

No sé lo que es, pero me hace pensar
que escuchas las pequeñas angustias,
y ayudas en cualquier necesidad,
sin importar la grandeza de la hazaña.

Eres un Dios diferente,
que no se puede encajonar,
qué curioso que eso sea
lo que de hacer trata mi mente.

Dios de sorpresas,
pero Dios al fin y al cabo,
quién soy yo para cuestionar
o minimizar el milagro.

Ayúdame a entender la enseñanza,
la paradoja entre las páginas,
y descubrir así en tu presencia
una faceta más de tu desbordante gracia.

En mi experiencia, Dios ha estado atento a las peticiones enormes y también a las pequeñas cosas: siempre ha respondido. Algunas veces he recibido cosas maravillosas y otras veces no ha sucedido aparentemente nada, pero pasado el tiempo, he entendido por qué. No quiero decir que haya entendido el 100% de todo lo que me ha pasado y me pasa, pero sí he encontrado respuestas y fuerzas para seguir adelante – siempre. Es decir, nunca me he arrepentido de pedirle ayuda.

Esta corta anécdota del torpe que lanza el hacha por los aires (con el que me siento muy identificada) y tiene la mala suerte de que caiga en el río, me hace gracia. Y a la vez me enseña que, pidiendo ayuda a la persona adecuada, se resuelve su problema.

No esconde el palo y “se hace el loco” a la hora de devolverla; no llora desconsoladamente junto al río llamando la atención de los demás para que piensen “pobrecito de él”; no se enfurece porque tiene la peor suerte del mundo; no. Pide ayuda y recibe ayuda, y más que eso, presencia un milagro: su hacha flota y la puede sacar del río con facilidad. (Espero que después no la haya convertido en ídolo, porque me lo puedo imaginar perfectamente, jejeje.)

Dios está en lo pequeño, no perdamos la oportunidad de acudir a su ayuda siempre que lo necesitemos. Confiemos en que la respuesta va a llegar, y muchas veces será de manera totalmente inesperada.

¡Que tengas un gran día!

Un abrazo –

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