Estar embarazada no es una discapacidad

Me remango, sin tener realmente ni idea de en qué me estoy metiendo. Un poco con temor, un poco con valor, mi amiga dice que lo tengo que hacer, así que sigo su consejo. Pienso en ser mujer, en estar embarazada, en la situación en la que vivo, aparentemente “desempleada” y en un país nuevo. Pero sobre todo pienso en ser mujer y estar embarazada y las situaciones extrañas a las que eso me ha expuesto. La primera sorprendida he sido yo, lo reconozco.

Voy al gimnasio, voy al gimnasio un montón y me encanta. Estoy más en forma que los últimos años, no me lo creo. Y ahora, con el bombo (adjetivo cariñoso para mi gran vientre redondo) despierto admiración y comentarios. La mayoría son del tono “no sé cómo lo haces”, “es increíble que sigas haciendo ejercicio así, en serio, te admiro”, y luego hay algunos más en tono de pregunta, “¿te dejan hacerlo?”, “¿no te hace mal?”… Sonrío y respondo. Sí, me dejan hacerlo. No, no me hace mal, me hace muuuy bien, lo necesito, me mantiene cuerda. Y eso es algo de lo que se habla mucho sobre la mujer embarazada, sus hormonas y cómo éstas toman el control de su vida… pero como está embarazada, todo está perdonado. Mmmm, reformulemos. No, las hormonas no toman el control. No, no todo está permitido, y no, no todo está perdonado. Estar embarazada no es una discapacidad ni un estado de locura transitorio. Estar embarazada es otra cosa, pero no es una carta blanca para mi desquite y, tampoco, para el juicio generalizado sobre mis decisiones. Porque me considero una mujer que ha demostrado con creces que sabe tomar buenas decisiones y asumir responsabilidades, digamos que, me he cansado de demostrar. Y hace tiempo que no vivo para los demás ni para mí misma, sino para algo más.

Ser mujer no es una discapacidad (y digo más, ser mujer/hombre sin pareja “a cierta edad” tampoco lo es). Pero sin embargo, socialmente se trata como tal, y es abrumadoramente agotador, por no decir, lamentablemente estúpido por parte de aquellos que piensan así, y paralizador para un sector enorme de la sociedad que lo padece, consciente o inconscientemente. “Yo no pienso así” se dicen muchos, pero luego harán el comentario o la pregunta, criticarán la decisión o emitirán un juicio que tristemente revele sus verdaderos valores y ¿cómo hacer para que lo vean? Porque lo más triste es que nunca se lo hayan planteado. Esto atañe a hombres y mujeres, no solo a hombres. Y no solo se trata de machismo, se trata de un sistema, fundamentado sobre lo que algunos llaman Cristianismo, que arrastra un mejunje cultural histórico y folclórico. Pero Elisabet, a qué te refieres, deja de usar lenguaje teórico y ve al meollo. Ok. Lo voy a intentar.

Vivimos en una sociedad, y los que vivimos dentro de la burbuja cristiana no nos libramos, en que HAY ciertas expectativas sobre la vida, metas, cosas que alcanzar para que esa vida sea plena, “merezca la pena”, llámalo X. Y vivimos, desde que nacemos, condicionados por el sexo determinado entre nuestras piernas. Hay unas expectativas para los hombres y hay unas expectativas para las mujeres. ¿Quién las determina? Todos, seguimos la corriente. ¿Por qué? Porque no nos lo planteamos. “No estoy de acuerdo”, me dirás, “de acuerdo” te responderé, y después simplemente te animaré a pensarlo un momento. Siempre hay expectativas. Eso no es malo en si, pero es condicionante. Este tema puede ser eternamente amplio, así que trataré de resumir.

Cómo hacer que esos condicionantes no me frenen: cambiando dos premisas.

  • Mis decisiones no determinan quién soy. Quién soy y mis motivaciones determinan mis decisiones.
  • Rechazo vivir bajo el patrón de ser juzgado y juzgar como respuesta. Elijo vivir bajo el patrón se ser amado y amar – sin juzgar.

Como mujer, como pareja, y dentro de poco como madre, necesito vivir así. Me agobia muchísimo pensar de otra manera. Si concentro mis pensamientos en cómo los otros me ven o qué pensarán, me rindo, me rindo ya, porque sé que nunca voy a alcanzar las expectativas. Mis propias expectativas sobre mí misma ya son demasiado altas, no voy a vivir aplastada por las expectativas de los demás, las mías y las de la sociedad.

Soy mujer, soy capaz y soy optimista. Me enfrento a un mundo estigmatizado, roto, y muuuuy lejos del que su Diseñador soñó al crearlo. No me voy a enfrentar al mundo ni me voy a declarar en contra de todo. No tendría sentido. Pero sí me voy a declarar a favor de aquellos que creen que no hay una sola manera de hacer las cosas. No hay un solo patrón de cómo ser mujer u hombre ni cómo criar hijos.

Me declaro a favor de las que tratan de ser mujeres por encima de cualquier rol. Me declaro a favor de las mujeres que luchan consigo mismas y deciden ser libres de juicios, de los suyos propios y de los demás, y se calzan sus mejores galas (lo cual en algunos casos pueden ser pijamas comodísimos, sin sujetador) y abrazan sus imperfecciones como parte de un todo. No soy perfecta. No pretendo ser perfecta. Y ojo con lo que viene: no existe la perfección. Así que deja de mirarte en ese espejo mentiroso y deja de exponernos a todos a su borroso reflejo de súper-mujer o familia “modélica”.

No, no soy como tú. Tú eres tú y eso es genial. No te quiero imitar, no te quiero reproducir en masa, y eso no me hace estar equivocada. Me hace ser diferente. Y tener una opinión diferente no me hace mejor – ni peor.

Y ahí es donde tenemos que aprender, en mi opinión. Porque que algo funcione para ti, no significa que funcione para mí, o para las personas de Sudáfrica, o India, o Cuba. Me alegro por ti, ánimo en tus batallas y felicidades en tus victorias. Solo te pediría que si vas a compartir tus pensamientos conmigo sea para construir y no para generar dudas sobre mi capacidad de raciocinio.

He aprendido que estar embarazada es una etapa transitoria de esfuerzo, de gozo, de ansiedad, de felicidad, de lucha, y de espera. ¿Y qué etapa de la vida no es así? Me gustaría motivar a todas las mujeres a que vivan cada etapa de su vida así, no solo el embarazo, no solo la crianza, no solo cuando están enamoradas, no solo cuando emprenden un proyecto que las realiza. Todo. Cada etapa, y encuentren en cada una sus debilidades y fortalezas porque en nada llega la siguiente. Así lo vivo yo, hasta la muerte, y creo que es una forma muy disfrutable para el día a día. Obviamente que estar embarazada es especial, pero no ha revolucionado mi psique ni mi centro (el centro de gravedad sí, pero me refiero a lo que me motiva a levantarme por las mañanas). Ha llegado y en breve se irá, y ha sido sorprendente, desafiante, constructivo, especial para nosotros como familia – pero ya está. Para mí la vida es mucho más, y eso no hace que quiera menos a este niño o lo que está por venir. Pienso que él es una pieza más de un puzle enorme al que me entusiasma que llegue a formar parte, y eso no me hace “mala madre”. Quería compartirlo por si te encuentras en una situación similar y luchas con ello como yo luché. No estamos haciendo las cosas mal. Estamos aprendiendo a llevarlo todo lo mejor posible. Y eso está fenomenal.

Un abrazo –